EL HIJO DEL IR
Yo soy el convidado de la hierba florida,
el silbo que en los tallos va abriendo ventanas
para que el humo pueda danzar sobre los tréboles,
y mirar tu cabello moverse por el aire,
La fuga de las mies transparente en los sepulcros.
El sol en la mitad de la conciencia reúne
mi sombra y mi luz. Él me dice al oído
que debo desear y que sufriré por ello,
aunque el deseo padecimientos transfigure.
Por estar vivo siempre desearé tu cuerpo,
incluso cuando al comprenderte alcance el amor
saciando mis anhelos, y reanudaré
ese río de cercanía firme en los roces,
donde el deseo ya no nos mueve ni nos lleva,
enmudecidos en la quietud de las orillas.
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